Ése olor hacía que nos retorciésemos.
El vino y la música movía nuestros cuerpos,
a ritmo suplicante de esa reencarnación aromática.
La Suya, una perversión oriental.
La Mía terrenal,
ya no onírica,
sino real.
La eséncia de ése líquido
Creado por los angeles no cesaba de
recorrernos por las venas.
Imparable. Implacable.
Desataba nuestras más oscuras,
íntimas y juguetonas locuras.
Llevadas de la mano,
de pequeñas orquestas hilarantes.
Sólo nos quedaban
unas pocas horas más,
en ésa ciudad.
Nos regalaba a cualquier lugar que mirásemos,
sendas INSPIRACIONES a todo esto.
París 12 de Abril de 2008.
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dissabte, 17 de maig del 2008
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